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CAP. III.-FUNDAMENTOS DOG!l'L\TICOS 153 propios dolores por la reconciliación de todos los hombres; como la Víctima divina abría en aquellos momentos sus brazos para abarcar toda la humanidad, así María extendía su mirada y su protección hasta los confines del mundo, hasta hundirse en las lejanías de los tiempos y en la inconmensurabilidad de los espa– cios. María es la Aurora que va disipando las tinieblas del error y preparando la llegada del Sol de justicia ; María es la Vanguardia de Jesús que destruye las herejías. «María Virgo, cunetas haereses interemisti in universo mundo.» 188. María, Medianera universal.-En el Breviario Romano el día 31 de mayo se ha introducido la fiesta de María, Medianera de todas las gracias. Esto no es más que un eco de la tradición que confiesa esta consoladora verdad. Entre la multitud de textos de Santos Padres y teólogos que se pueden aducir, sólo referimos al– gunos. San Ildefonso de Toledo, inculcando las alabanzas a María, entre otras cosas dice: «Tu enim confers terrae pacem, coelis gra– tiam, salutem perditis, vitam mortuis; regís prospera, repellis adversa, vitia extinguís, virtutes succendis, reddis casta corpora, corda pura; pacem membris, mentibus das quietam fidem, gentibus vitae ordinem, moribus disciplinam (210). Omnia bona, quae illic summa Majestas decrevit facere, tuis manibus voluit commendare. Commissi quippe sunt tibi thesauri sapientiae et scientiae, jocalia charismatum, decoramenta virtutum, ornamenta gratiarum» (211). San Bernardo afirma lo mismo: «Sic est voluntas ejus (Domini), qui totum nos habere voluit per Mariam» (212). De la misma opi– nión es San Bernardino de Siena, el cual predicaba: «Non timeo dicere quod omnium gratiarum effluxus quamdam jurisdictionem habuerit haec Virgo ... ideo omnia dona, virtutes et gratiae ipsius Spiritus Sancti, quibus vult, quando vult, quomodo vult et quan– tum vult, per manus ipsius administrantur» (213). Podemos decir que empezó a ejercer ya su mediación durante su vida mortal. En efecto: Jesús, antes de nacer, quiere santificar al Bautista y se sirve de la visitación de María a su prima Santa Isabel. Cuando Jesús niño descansa sobre el regazo de María, ésta se lo muestra a los humildes pastores primero y a los Reyes Magos después. En el templo de Jerusalén ofrece a Jesús al santo anciano Simeón, quien colmado de consuelo exclama: «Nunc dimittis ser– vum tuum, Domine». En las bodas de Caná, por mediación de J:l,Ia– ría, Jesús obra el estupendo milagro de convertir el agua en vino. Más tarde acompaña a Jesús hasta el Calvario y al pie de la Cruz recibe por herencia la humanidad entera. María es la Madre de la (210) De Cor. Virg., P. L., 96, 291. (211) Ib'id., 96, 304. (212) In Nat. B. V. M., P. L., 183, 441. (213) Cfr. Op. Omnia, Sermo 5, t. IV, P'.P· 92-93, Venetiis, 1745.
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