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152 P. I.-MISIONOLOGÍA DOCTRINAL modo, la Maternidad espiritual de María debe abrazar a todas las gentes sin excepción. Como Eva fué la Madre de toda la huma– nidad caída, María debe ser Madre de toda la humanidad redimida. La descendencia de María, como la de Jesús, no pueden encontrar límites ni en el espacio ni en el tiempo; deben pasar de genera– ción en generación hasta la consumación de los siglos. La misión de María está subordinada a la de Jesús, pero es universal como ella; sus caricias maternales se extienden a todas las razas, a to– dos los colores, a todas las naciones, a todos los hombres. Quien tie– ne a Jesús por Padre, forzosamente ha de tener a María por Madre. 187. María Santísima, Corredentora de la humanidad. - Los documentos pontificios y los testimonios de los Santos Padres prue– ban que la Virgen concurrió a nuestra reparación no sólo física– mente, dando su consentimiento para la Encarnación del Verbo, ejercitando el oficio de Madre durante la vida de Jesús y presen– tándole en el templo, sino también participando moralmente en sus dolores al pie de la Cruz y ofreciendo la Víctima divina por la salud del género humano. Dice Benedicto XV: «Ita cum Filio patiente et moriente passa est et paene commortua, sic materna in Filium jura pro hominum salute abdicavit, placandaeque Dei justitiae, quantum ad se pertinebat, Filium immolavit, ut dici me– rito queat Ipsam cum Christo humanum genus redemisse» (206). Cristo es la causa principal de nuestra Redención; María, causa secundaria y subordinada, en cuanto, por Cristo y en Cristo, tomó parte en la lucha y en la victoria contra el diablo. «Per Evam -dice San Ambrosio-cecidimus, per Mariam stamus; per Evam prostrati, erecti per Maríam; per Evam servituti addicti; per Ma– riam liberi effecti» (207). Si Jesucristo es el Segundo Adán que nos redimió, María es la Segunda Eva que concurrió activamente a darnos la vida de la gracia. Por esto escribe muy bien el Card. Billot: «De Virgine generaliter tenendum est quod in ordine reparationis eum locum tenet, quem tenuit Eva in ordine perditionis» (208). Y el S. Epifa– nio nos dice: «Eva generi hominum causam mortis attulit, per quam mors est in orbem terrarum invecta; Maria vitae causam praebuit per quam est nobis vita producta» (209). Ahora bien; como Jesús fué Redentor universal, María tam– bién fué la Corredentora universal; como Jesús murió por todos, así María sufrió por todos; como Jesús se ofreció Víctima por la redención del mundo, también María ofreció a su divino Hijo sus (20G) Cfr. Soda!itati Nostrae Dominae ll Bona l\lortc, 22 mart. 1918, Act. Ap. Sed., 1918, t. x. e). 182. (207) Sermo 45, P. L., t. XVII, col. 715. (208) De Deo Incarnato, thes. 41, ed. Patri, 1912. (209) Advcrs. hacr., 76, P. G., t. XLII, col. 730.
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