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148 P. I.-MISIONOLOGÍA DOCTRINAL 182. Observación.-Dios, infinitamente misericordioso, puede libremente elegir una vía extraordinaria para salvar a los infie– les, que sin culpas personales están privados de la fe y de la gra– cia; pero no se debe dar demasiada importancia a estas soluciones hipotéticas, más o menos fundadas, con perjuicio de la verdadera solución. Esas opiniones misericordiosas y benignas no deben dis– minuir el celo por la propagación de la fe, el entusiasmo por las misiones católicas, el trabajo apostólico por la dilatación de la Iglesia, arca de salvación (196). 183. 9." Solución segura del problema de la salvación de los infieles.-En el presente orden de cosas el medio ordinario, seguro y establecido por Dios, es pertenecer a la Iglesia católica, entrar en el reino de Cristo, evangelizar a las gentes; Pides ex auditu, auditus autem, per verbum Christi (1B7). Jesucristo es el Legado Divino enviado por el Padre y el Redentor universal, que murió en la Cruz por todos. Volviendo a la diestra del Padre, dejó en este mundo a la Iglesia continuadora de su obra, depositaria de su gracia y de su doctrina; confirió a los Apóstoles su misión di– vina y a San Pedro el Primado. Los Sumos Pontífices, los obispos, los sacerdotes, continúan en la Iglesia el ministerio de la palabra y la administración de los sacramentos, por los cuales se aplican los méritos de Cristo. Luego la solución segura del problema de la salvación está en la ejecución del mandato divino: Id, pues, e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre deL Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles a observar todas las cosas que yo os he mandado. Y estad ciertos que yo estaré continuamente con vosotros hasta la consumación de los siglos (198). De aquí se de– duce la necesidad apremiante de las misiones, de evangelizar a toda criatura, de enviar operarios evangélicos que extiendan el reino de Dios y que planten la Iglesia. Por esto, la Iglesia cató– lica no debe concebirse como una cosa estática, sino más bien como una realidad viva, orgánica, dinámica, destinada por su naturaleza a crecer y dilatarse hasta llenar todo el mundo. Su desarrollo será completo cuando sus dimensiones correspondan a las dimensiones etnográficas y geográficas de todo el mundo habitado por seres humanos. Esta vida expansiva del catolicismo se manifiesta por las misiones, que tienden y trabajan por establecer esta sociedad visible, sobrenatural y divina que llamamos Iglesia católica, Cuer– po Místico de Cristo, en el cual todos los hombres, unidos por la fe y la caridad, participamos de su vida divina en la tierra y con– seguimos los destinos eternos en el cielo. (196) Cfr. L&,NERZ, O. c., p. 214, n. 376. (197) Rom., X. 17. (193) Matt., XXVIII, 19-20.
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