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CAP. III.-FUNDAMENTOS DOGMÁT1Cü'3 ]47 cit (191). En esta proposición no se habla de los principios subje– tivos de la fe, sino del motivo objetivo (192). 180. 7.ª Otros admiten que los infieles pueden tener un co– nocimiento confuso de la revelación prirnitiva conservada por tra– dición entre los pueblos, al menos de las dos verdades indispen– sables a la salvación; de tal modo que, dada la gracia interna so– brenatural, sea posible el acto de fe apto a la salud; después de la fe puede suceder el acto sobrenatural de amor de Dios, colativo de la gracia santificante, por la cual se borra el pecado original y personal. El conocimiento de las dos verdades, que Dios existe y que es remunerador, per se, pertenece a la gracia e derna, que no basta para el acto de fe sobrenatural; pero, como de providencia común, Dios suele conceder con las gracias externas también la gracia interna, dada la manifestación de esas dos verdades, sP dará también la gracia interna sobrenatural, de tal manera que sea posible el acto de fe saludable (193). 181. 8.ª Un buen número de Padres y los más célebres teólc– gos sostienen que, haciendo los infieles lo que está de su parte, no poniendo obstáculo alguno a la justificación, observando la ley natural y viéndose imposibilitados de adquirir la fe por el medio ordinario de la predicación, Dios les concederá la revelación in– mediata y la justificación (194). Los modos de comunicar Dios esta revelación y justificación pueden ser varios: a), por revelación directa e inmediata del mis– mo Dios, que infunda la fe y la gracia ; b), por ministerio de los ángeles; c), por intervención milagrosa del hombre, como en el etíope y otros casos que se cuentan en la historia de las misio– nes; d), por medios providenciales, como servirse de un misio– nero que pasa accidentalmente por regiones desconocidas, de co– merciantes, de exploradores, de herejes, cismáticos, aventureros, cautivos, etc. No faltan autores que hablan también de una especial ilumi– nación de las almas de los que están en la agonía (195). No hay duda que la infinita sabiduría de Dios puede servirse de mil medios para revelar las verdades indispensables y conce– der la gracia santificante, y aun el poder hacer actos de contrición -y caridad perfecta a los que han cometido pecados graves per– sonales. (191) DB:,Z-B., 1173. (192) Cfr. PESor, o. c., n. 436, p. 216. (193) Cfr. G. Hu.mTE, S. J., Tractatus de Gratia Cliristi. p. 407, Romnl'.', 1923. (19,!) Cfr. HARENT, º· c., cols. 1845-1863. (195) Cfr. PARENTE, o. c., p. 226.

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