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-· 339 - descalzo de pie y pierna, vestido solo de · unos calzones de lienzo crudo, y todo el, Fin de su ci:111 ,día lo hacían estar moliendo tabaco, tiverio, maíz y otras cosas necesarias, siendo su alimento tan desabrido y escaso; que apenas se podía sustentar. En es'te mise- rable cautiverio pasó algunos días, has- ta que se orientó y pudo huirá un pue- blo de españoles, donde lo recogió en su casa un amigo de su hermano; y viéndo- lo cansado de los trabajos de Indias, y deseoso de volver á su patria, le dió lo necesario para el viaje, y se vipo á Es- pafia. ¡Oh miserias de esta vida! ¡Oh rue· da mudable de la engafiosa fortuna! ¡Oh ' ideas de los hombres, cuantas veces os lloráis fallidas! ¿Quién le dijera á Pedro, cuando á las Indias navegaba, ansioso por conseguir riquezas, que .en lugar de las riquezas que esperaba, había de tener el cautiverio que no se presumía? ¿Quién la había de decir que donde esperaba conseguir fortuna, había de experimen- · tar la mayor desdicha? ¿Cómo había de pensar él, cuando navegaba á las Amé- ricas, deseoso. de conseguir riqnezas, gus: tos, glorias y deleites de este mundo, que volvería á Espafia, no sólo sin haberlo conseguido, sino también, después de muchos trabajos padecidos, pobre, des- valido, menesteroso y necesitado? Pues, así volvió á su patria y desembarcó en Oádiz, donde fué recibido de su madre con mucho gusto. Oortejáronle sus ami• gos, visitáronle su~ parientes; y todos de v,uelve ,i, o,i,. sus pasadas miserias se condolíán; sólo d,z,
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