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-- 338 - acabando: la aflicción era mucha, la con– fius peligros goja granda, y al pase) que -esta crecía co. el mar. iba también creciendo la murmuración contra su capitán. Este, reconociendo su peligro, empezó á terr.er , y considerando que sólo Dios era ,:il fltimo remedio, pa• ra subvenir á aquella necesidad, por ser el que manda al mar y á los vientos, se encerraba en la cáma,a de popa, para orar, y haciendo de embreados cordeles unas disciplinas, Ee nzotaba fervoroso, castigando sus canes y pidiendo á Dios con clamores y gemidos el viento favo– rable que necesitabar:. Esta penitencia hizo varios dfag, hasta que compadecido Dios de· la nehesidad, les dió viento fa vorable y concluyeron su navegación. En otras . muólrns ocasiones padeció riesgos y peligros, ya de tormentas, ya de calmas, ya de piratas y corsurios que surcaban aquellos :nai~es; con éstos tuvo choques diferentes, hasta que por último encontró con unos t':ln poderosos en fuerzas, que embistiendo á su embarca– ción, la abordaron; abordada, la cogie• ron, y cogida, trataron tan mal á Pedro y á los que con él il::an, que ne, contentos con la presa de la nao y mercancías, les quitaron los vestidos, y desnudos, los arrojaron en unos despoblados, donde Sf;l vieron precisados á ali:nentarse con yer• vas y raices, hasta que caminando por aquel desierto, vinieron á ser prisioneros ,te unos indios, los cuale.s llevando á Lo apresan u!los piratas. nuestro Pedro á sus rar.cherías, se sirvie- ron de él como de esclavo. Allí anduvo

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