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- 336 - es usted? Sosiéguerne usted, (le respon– Proviclencia <lió el Eclesiástico), que qutén yo soy lo de Dios. eabrá Juego: dígam(; antes á mí quién es, y qué accidente Je dió, que así esta– ba. en aquel camL:10? ¿Qué camino, ó r¡ue accidente me pregunta? Yo no sé de mí más, sino que estaba esperando la muerte, y ahora mi~ hallo con la vida en parati tan distinto, que más que realidad me parece sueño de mi fanta– sía. Díjole entonces el Eclesiástico. Yo soy cura de este pue'iolo, y viniendo esta mafia na. de un ·luga:::-, que está lejano, on medio del camino, vi un hombre atravesado, descomp1estamerrte tendido en la arena; juzgué que estaba muerto, y para certificarme, ne acerqué al que por cadáver tuve, y hallé á usted, que aunque parecía difudo, por los pulsos y algo de respiración, conocí que estaba vivo; compµdecime d~ su desgracia, y considerando que ser,:a algún accidente, eomo pude, lo puse en mi caballo, trá– jelo á mi casa, acostélo en esta cama y saliendo á buscar q -1ien le aplicara al– ~urlos rernedips; vuelvo ahora, y me hallo á usted, cuandolo esperaha di– funto, absolutamente vivo. Esto es lo que con Vd. me ha pasa– do, ahora dígame el :1ccidente, que ha padecido. Admirándor;e de nuevo Pedro, por ignora!' guión de los Indios le había librado y . puesto en ciquel camino, le Como :se vió contó.al Eclesiástico tc~do lo 9-ue le había libre. pasado, hasta que bebió el hcor; y am– bos juntos dieron gracias á Dios por los

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