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- 335 - nehoso, volvió en ,su sentido como quien 'despierta de un profundo letargc; abrió ]\lisla»foi ele] los ojos, y se halló en una cama blanda- "º~""'.' t "º· :uente mullida y con primor aseada. Turbóle la novedad; incorporóse en ella, tendió la vista, viú sillas, bufetes, cua- dros; y por último conoció, que .estaba en un aposento deceBtement~ amuebla-. do. Aquí, confusamente admirado, que- Bó en un piélago de dqdas sU1;nergido; parecíale que soñaba; pero lo desenga- ñaba la realidad de, lo qúe veía: tentaba la cama, tentaba la ropa, y como bus-· cándose á sí propio, le parecía que no se hallab11. ¿Qué es esto? decía admira- do: ¿No estaba yo ahora en la monta:ña? ¿No estaba rodeado d~ aquellos bárba: ·· ros Indios? ¿No estaba espera:1do por puntos la muerte más rigurosa? Pues, ¿qué eti esto? ¿Cómo me hallq desnudo ·de mis vestidos? Cómo me hallo en este müllido leeho?, Cómo estoy c•:m vida? Quién me ha traido aquí? ¿Qe,é meta- mórfosis es éste? Quién de un extremo tan impío á otro tan piadoso me ha. trasladado? Sin duda que sueñb; pero' nó, que es realidad lo que ve.o! Entre las inquietas olas de confusiones tantas naufragaba el pobre jov(¡n, cuando sin- tió lü emparejada puerta; asu~tóse, juz- ' gando que ve.nían los carniceros Indios;. hízose todo. ojos para mirar, y vió en,¡ trar con pasos lentos un hombre, que por el traje parE:cÍtí. Eclesiá6tfoo. A pe- Don,le fnó ,, nas lo vió, cuando con asombrada y re- pttra 1·• pentina Voz le preguntó: Se:ñor, quiéu '

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