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- 333 - r..-:-.S.-:.S:~~.:S..:S.&.~&..:S..:S>~:J Dios, viendo que ha de ser para nuestra perdición, con su misericordiainos la.ero- El los rlesoye. · baraza; luego decimos que somos desgr~- ciados, y que en lo que solicitamos no tenemos la menor fortuna .. Viendo el eleñm: que el vioJiado cora– zón de Pedro no se rendía á los blandos toques.de su gracia, empleó en él la va– ra del castigo; en este caso, que él mis– mo con toda ·aseveración contó, siendo religioso, á otro P. de nuestra orden, dig– no de todo ·crédito, el cual por sus pren– das constituido hoy en dignidad, me lo refirió, asegurándome, que' se lo había oído muchos veces, y es como sigue: Ha• llábase Fr. Pablo en. cierta ocasión con Sebastián: Patrón, su hermano, y otros cuantos amigos en un sitio despoblado, en el cual .fueron repentinamente asaltR– dos de unos Tndios feroces, que los cer– caron con algazara, los aprisionaron- y atándolos á los duros troncos de unos ár– boles, bárbaramente crueles, armaron sus violentos arcos, y haciendo blanco en ellos, los asaetc'aron, penetrando los endureciqos- arpones ya los pechos, ya los rostros, y ya las turbadas entrañas de aquellos jóvenes afligidos. Todos murie– ron, mf'.lnos nuestro Pedro, á quien no dis'pararon sus venenosas flechas, quizá para que fuese su pena más crecida, co· mo de h,echo lo .faé, viendo despedazar á sus ojos, no sólo á sus amigos, siuo !ambién á. su querido hermano, que á Dios lo casti impulso de las saetas, entre mortales pa-. g,i rosismos y multiplicadas congojas, rin-
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