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- 326 -- «En el mes de Junio de 1880, en cum– Incorrapción plimiento de una honrosa misión que ele su cadáver nos había confiado el entonces Obispo lucense, hoy Arzobispo de Burgo_s, Ex– celentísimo Sr. Dr. Fray Gregorio Ma– ría Aguirre, hubimos de entrar en la Clausura del convento de Clarisas de Monforte, y pudi~os examinar muy de cerca la riquísima variedad de reliquias que poseen aquellas nuestras hermanas. Tan pronto como pasamos el dintel de la estrecha puerta que pone en comuni– cac.ión con el Relicario, nos llamó la atencióu una caja bastante grande que hallamos á nuestra derecha. Una de las religiosas que nos acompafiaba levantó el fino y blanquísimo lienzo que cubría aquella caja, y apareció á nuestra vista· aquel cuerpo incorrupto después de cil;)n• to noventa y seis afios de haber pagado su tributo á la muerte. Esta sola impre– sión no nos satisfizo por completo; pa– recíanos que estábamos delante de esas momias apergaminadas que se conser– van en los gabinetes de algunos centros docentes. Quisimos cercionarnos de la verdad y llevados de un impulso devota– mente curioso, acercamos el dedo índice de la mano derecha al cadáver veneran– do, y no sin sorpresa observamos que aquellas carnes conservaban en grado muy rwtorio su flexibilidad. Conociendo sus manos es• rnrnstra sorpí·esa, nos preguntó la Supe– t,\n fluxibles riora de aquella religiosa Comunidad do-¡rnés ele dos l ·. l ' .siglos. ouá era nuestro parecer acer:]a. e e tan preciada reliquia, y por única contesta-

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