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- 321- c1ue, al levantarse del lecho, .ponía los pies -enfermos en el suelo desnudo, cuya S_u gra1,. ospí– drcunstancia podía por el rigor de los ritu. fríos aumentar las de su mal, llegué á ofrecerle una estera para precaver .este inconveniente, y me respondió estas,edi- ficantes palabras: ¿Qué se dirá de mí, si me ven con efle regalo? Cuando llegó á verse sin fuerzas, é incapáz de movimiento alguno exte• rior, cerró la puerta al comercio de las criaturas, dejando desembarazado total– mente su corazón para el criador, á cuya contemplación aplicó todas sus poten· cias desda aqu!ill instante. Con esta ah· negación 1 de todo lo que no es Dios, se ilustraba más su entendimiento, y se enamoraba más su voluntad de las per– fecciones divinas; y así con vivas an– siás anhelaba ver libre á su preciosa al– ma de la carne del cuerpo, para unirse con Dios. Llegó el Jueves Santo, y en él tuvo revelación el V. P. de las inmen– sas aflicciones que le esperaban aquellos - tres días continuos, en que se• celebr~n los misterios de la Pasión y sepultura'de Cristo, el cual, para que se armase con el escudo de la constancia, le reveló tam– bién la hora en que había de empezar el goce de los alivios con la precedencia de una venturosa muerte. El último asalto que djó esta á su vida fué por medio de un paroxismos que, enajenandole de los sentidos, avivó en , l , . _ , d l Supo cuanüO os mr_cunstantes la pena, 0reyen _o e ya ibii t, moril'. cadáver; pero después de algún tiempo, 21

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