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- 320 - vida eterna. Visitáronle diversas veces Duró tres me los médicos, esmerándose en el arte. Rí– ses. gidos y despiadados martirizaron su cuer• po en el discurso de tres meses y medio que duró su enfermedad, en la cual solía · decir el venerable Padre, que entre se• sen ta y dos que había padecido, ninguna se había extremado tanto en el rigor co– mo esta, que parecía un epílogo de todas. Hacían todos contínuas v fervientes ora– ciones por su'salud, y la piedad de Dios les <laba á tiempo algunas esperanza con una corta mejoría; pero esta no pasaba de una breve pausa que hacía la maligni– d.ad del accidente, para embestir más de recio al seráfico varón. Referir los dolores, y congojas de esta última enferU1edad, sería excederá la pon– deración.La gota le puso tan inhábil para los movimientos, que parecía un tronco v solo le dejó la sensibilidad para los do– lores. No podía hacer movimiento algu– no con las manos, ni los pies. Del largo tiempo que estuvo en la cama, sin mo· verse á un lado ni á otro, se le hicieron doe llagas en las espaldas, y entre tanto padecer no se le oía el más leve quejido, desahogo único de la naturaleza afligida y atormentada. Como se aliviaba era multiplicando diversos actos de amor y resignación. A mi vista (habla el autor de sn vida), cierta persona le incitó á que por lo menos añadiese alguna ropa á la . . . desnudez y mortificación de su cama, y Lo que sufno D. ll d en ella. negóse á ello. epongo más: egan o yo en una ocasión á visitarle, viendo

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