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315 ) ' ' ~-s-:--s-:-.:.s-:-,:,s.,~--~~,:,S.,.S;-S:-S:-'5~.,____8 en Villa Abad pasó á la Ciudad de Lu- go, que le recibió como á un ángel veni- Llega á L,u do del cielo, para consi1elo y alivio de•to go. dos sus desconsuelos y trabajos; y su Ilustrísima le recibió con notable agra- do. Fué tan copioso el fruto de esta,,mi- sión de la Ciudad de Lugo, que los ~eis años siguientes, m8s parecían sqs ,habi'. tadores religiosos que Ciudadanos: todás las familias en sus cat;as en. llegando la noche se juntaban á rezar con extraor- , dioari!l: devoción ~l santo Rosario, pra!;- ticando el método,, é instrucci6n/del ve- nerable Padre. Por las calles no se oían _otras canciones más que elogios de Ma- , ,ría Santísima, ó saetas espirituales, que herían los corazones, abriendo en ellos puerta para que entrasen las virtudes, y se desterrasen los vicios. Las Iglesias, que antes se miraban con gran dolor VH· cías, desde ,'entonces se admiraron con ,sumo consueló llenas; porque la gente dió en frecuentar los santos sacramentos de la penitencia y eucaristía, procurando santificarse con la debida preparación en recibirlos: En Santa María de Cela. de Caínba, y en otras partes, estando predicando se levantaron horribles tempeatades; la gen– te temiendo algún daño, y procurandd evitar mojarse, huían, porqúe las misio, nes se hacían en los campos, por ser las iglesias insuncien~es para tan numero- sos c9ncurs.os, pero el varón de Dios les ,, ·l , 1. _ 1 b . mal\\. A, a. e,, 0X 0rta il á q Ue l1O temiesen, y ~e estu- 11 ttbos. vieran quietos\ y :volviéndose á las mi-

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