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- 314 ~ que la martirizaba el alma, publicando Frutns ele es sus culpas. Las comuniones fueron nu– ta misión. merosísimas, pues habiendo cinco igle– sias en que se administraba, era tal Bl tropel y tan impaciente el ansia de lle– garse á la fue6te de toda dulzura, que cada uno pretendía ser el primero; y fué preciso valerse del rigor para remediar el inconveniente de la indevoción. La misión de la vjjla de Chántada, fué también concurridísima, porque la gen– te de, todas aquellas fragosas montañas acudió á ella, y' todo el territorio de 'ra– boada, excepto un párroco, que instado repetidas veces, respondió á sus feligre– ses, escandalizándolos, que él era teólo- , go, y no necesitaba que otros le predica– sen: tan reprensible conducta tuvo el castigo merecido, pues apenas se acabó la misión en Chantada, cuando se quedó muerto de repente. Hízose otra misión en San Juan de Camba, y en ella un milagro con el cura de San Salvador, que fué sanarle unas :lagas casi incurables el mi.smo día de la procesión general. De allí pasó el Pa– dre José á la célebre ermita de Nues– tra Sra. de Pf-ña-Agua; y pareciéndole sitio acomodado, con licencia del cura hizo allí quince días misión; á la que · concurrió tanta gente, que fué una de las más numerosas del obispado ce Lu– go; 'Y en ella hubo tantas conversiones Recórrc aquel que s.e alegraron los ángeles del cielo, Obfs_pado según )a, frase del Salvador. Después de haber hecho otra misión

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