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·- 305 - ' ~~.:.S.-.:.S.-.:.S.-.:.S.-.:.S.-.:.S.-.::9.:.S.-.:S:-.::S:-::.S.-.:J las cejas también, y darlas. de comer. eri un barcal, para afrentar al demonio, C_onsejo gra– que ellas dicen .tener dentro; jamás las º'º~º ha de dejar V.· merced ir á conjuros, ni á romerías, hasta que estén buenas, y en recuper-ando la s.alud que les falta, po- drán ir con el resguardo que pide. su edad y la decencia. Turbado se quedo el ~fo con semejante receta, y conociéndolo él V. p; le despidió diciendo: que este era el remedio único, y •que no había otro; así lo mostró. la experiencia, pues .después que las pelaron, s_anaron al ins- tante las enfermas. · No fué menos fructuosa la misión que hizo en San Benito de la Arnoya, aun– que sí más trabajos~, porque de día y de noche llovía incesantemente; pero no cuando se predicab?, De .alfí pasó á tlan– tigoso, y á esta misión concurrieron de más de diez !~gua¡¡ muchos caballeros portugueses, los cuales hicierón una cu: riosa t'Xperiencia; y fué, que unos ser– monet, oyeron t(;)mando lugar inmediato al púlpito, otros más distantes, y final– mente para otros se alejaron tanto, que les parecía imposible oir palabra; pero fué al contrario, pues la voz evangélica del V. P. parece que gozaba especiales privilegios contra las leyes de la distan cía. Desde el lugar más remoto. le oía el que lo deseaba, y todos le entendían, aunque no pr~élicase en su lengua. Y así. sucedió, que p'regunta~as algunas perso- .Alcance do su nas plebeyas del , remo de Portugal, voz. si entendían lo que predicaba en cas- 20
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