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304 - púlpito, junto al siervo de Dios, un per– eristo la con- sonaje venerable con barba nazarena, y firma. estuvo en pie todo el tiempo que duró el sermón, el cual acabado, desapareció. Discurrieron los más capacés, no sin fun– damento, que Cristo, Maestro y Predica– dor divino, era quien le acompañaba en aquella ocasión en forma visible, ó para dar á entender lo cristiano de sus conse– jos, ó para significar que lo que el ve– nerable P. pronunciaha, él se lo estaba dictando. Predicando· en Caldelas, un suje– to le erivió dos sobrinas suyas, de buen parecer, para que las exorcizara, ponde– rando al siervo de Dios, que esta½an pv– Reídas de los espíritus y no sabia que ha– cerse para su remedio; pues después de einco años en que contínuamente,las ha– lJían estado conjurando varios sacerdo- 1es á quienes se las enviaban, no cono– da en ellas algún alivio. Et V. P. con la luz que le, asistía, conoció el engaño, y volviéndose al tío, le dijo estas palabras (1ignasde grabarse en el corazón de todos los que tienen á su cargo el régimen de mujeres mozas. «Mucho me admiro que una persona de su c:tpacidad, letras y virtud, se mueva como la hoja en el ár– bol con tan poco viento. Pensará V. mer– ced, que es chanza lo que le voy á decir; pero le aseguro, que si estuviera expi– rando con un santo Cristo en las manos, P t 1 ' l,~ .digera lo mismo. A estas santicas, ene ra os . interiores. mientras no sanaren, les han de raspar el cabello de la cabeza á navaja, y el de

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