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- 302 - suyo, no se la hubiera conservado. Llega á Llegó á su destino, y el día de S. Mar– Orens~. tín Obispo, patrón de todo el obispado de Orense, año de mil seiscientos sesen– ta y nueve, én la Iglesia Parroquial de la 'rrinidad, dió principio el venerable Padre á todas las misiones que hizo en el reino de Galicia. Fué tan general el fruto que se experimfmtó en esta prime– ra misinn de la ciudad de Orense, que todos los ciudadanos admirados, y agra– decidos suspiraban porque el V. P. ad-. n:iitiese una fundación, que genéroso le ofrecieron, parn un convento de Capu– chinos, esperando que al entrar tan apos - tólicos varones En su ciudad, la conver– tirían en un paraíso con el ~jemplo de su vida, predicación y penitencia. Pero el Fiervo de Dios les respondió con agrade• cimiento, que 110 buscaba fundaciones <le monasterios, sino de virtudes, y que no le habí1 Dios traidoA Galicia á gran– gear posesiones, sino almas. Repitió la misión en la Cuaresma del año siguiente; los_ concursos de la gente todos lo'3 días eran innumerables, y las coíwersion.es competían con los concursos, de lo que gustoso el Ilustrísimo Señor Obispo in– vitó con todo empeño al venerable Padre á comer á su mesa; y aunque se escusó Riempre, diciendo que estaba obligado á dar buen ejemplo, obrando lo mismo que predicaba; aceptó el convite sólo el se– <~undo día de Pascua de Resurrección, Su predica- t, ción. . pareciéndole que con la ocasión de tan gran solemnidad, se podía dar gusto á
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