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- 2981- te. La villa de Iznallor· gozó las primicias .Misión de de su doctrina; el primer sermón le pre– Izrn.llor. dicó don' Baltasar de la Rienda, gran siervo de Dios, y muy práctico en el ejercicio ge las misiones, aunque los muchos años le minoraron lo voz, y por esta cáusa no se movió el auditorio ú confesarse, por lo que le propusieron al V. P. pasar adelante; pero él los detuvo encargándose del segundo sermón, que fué tan vivo y· eficaz, cuanto lo testifica– ron los universales llantos y gemidos de los oyentes. Esta conmoción de las al– mas motivó a que le pidiesen los com– pañeros, que se encargase de dirigir to– das las restantes misiones; acertado dic– tamen. pue,3 lo comprobó el fruto en el aumento de los concursos y en la fre– cuencia de las confesiones, que de día y de noche no les permitían el necesario descanso. De esta villa pasaron á la de Monte– gicor, donde fué mayor el fruto, y el plausible de todos el de un hombre que profesaba el arte diabólico de la nigro– mancia, el cual quemó los libros de que usaba, y fué tal la mutación de su vida, que al paso que todos le desconocían, le admiraban, viéndole confesar y comul gar todos los días. En la Villa de Colo– mera fué el fruto mayor, porque la ne– cesidad era más grave. Pasó de aquí á la Villa de Moclín, y predicando una no- "'. . . a che de la misericordia de Dios, y de los .itJ.lG10ll e . l\Lontegicar. muchos medios, que usa para salvar á fos hombres, el cura de aquella Iglesia,

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