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291 :..~-:&.~.:S:-~.:S:--:&..:S:--S:-.:S:-.:S.-.:.S'":&.d seaba ver. Conjeturó el siervo <1e Dios ·· quo el hallarse ya desahuciado de los mé•1~m:r,tezau con dicos quince días había, y conservarle 1 m prodigio. Dios la vida, aunque en medio de la. tur- bulencia. de las fatales congojas, era que- rerle la piedad divina dar el consuelo de que viese á quien tanto. habia deseado, y que ~ste le dispusiese y ayudase en el último y más peligroso trance de que pende la eternidad; y así dijo al compa- ñero: Dios nos trae á Granada para ayu- dar á bien morir á este. •Señor, por lo m.ucho que yo le he debido. Corrió, pues, ~ Granada sin detenerse, entró en casa del enfermo, y al punto que le vió la marquesa, prorrumpió en estos acen: tos cariñoso.s de maq.re: Hijo mío, sea muy bien venido, que tan deseado ha si· do.del marqués, mi señor. Pasó al apo- sento del moribundo, el cual así que le vió, sin que bastase á impedirlo la .en - fermedad ni la angustia, se alegró inte· rior y exteriormente, diciéndole: .Sea muy bien venido, mi amado hijo; con su venida conozco que Dios quiere usar de miseric0rdia conmigo, pues lo deseaba ver, y ahora me lo ha traído Dios para· disponerme bien para morir; y así fué, porque después de asistirle el V. P. en- tregó su dichoso espíritu en manos do Dios, para gozarle eternamente, de lo que hubo muchos indicios. Así que se repuso de las fatigas del camino, díó principio á la misión en el s. 1 d · 1 b . · · , a e e a amo rnpado de Granada, con su herma· ciLullL.ct. no y .doíl Sres. canónigos del Sacro-Mon-
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