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..:__ 293 en mucho el que consiguió con el últi- mo, porque en él dijo el v. P., que se Sus fruto•. iba desconsolado, porqqe en aquella Villa ilustre quedaba condenada un al- ma: al oir esto algunos de. los circmns- tantes, que se sentían con conciencia de pecudo mol:-tal, cada.uno se preguntaba interiormente: 'Si lo dirá por mí? Y con el temor que les infundía la aseveración · del siervo· de Dios, se resolvieron mu- chos á confesarse, saliendo por este me- dio del estado de condenados en que se hallaban entonces, según la presente justicia, pues habían hecho muchas con- fesiones y comuniones .malas. · En otras poblaciones predicaba con tal celo y deseo de la conversión de las · almas, que pa1·a remediar el origen: de perderse muchas, que es el, callar por vergüenza pecados en la confesión, los persuadía con ra:.i;ones, los atemorizaba cOn ejemplos y .les daba 'confianza con la suavidad de su doctrina. Movía ,tanto con estas ponderaciones, que no había quien se atreviese á ocultar con el si– lencio sacrílego algún delito, por feo, enorme, y (lbominable que fuese. En fin, lós efectos prodigiosos de la misión · en el obispado de Málaga, cuyos pue– blos gozaron todos de los benéficos in– flujos de la doctrina del Vble. P 1 ., fue– ron objeto de la más discreta pondera– ción durante muchos años. Algo de ellos dice el Vb!e. P, en una carta que . M.isiones en escribió al Sr. Marqués de Aytona, de la otros pueblos. cual son los párrafos que siguen: «Des·
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