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- 292 - dad. Así lo confesó también un mozo, á sus frutos, quien encontró el V. P. c~minando á l11. villa de Gaucín, eu compañía de su her– mano el P. Fray Alonso de Oarabantes, que le acompañó en las más dé las mi siones, que hizo en el Obispado de Mála– ga, diciendo: Y a cesaron los· dos vicios, y yo que incurría en el de blasfemo, ha– biendo ejecutado la penitencia saludable, que me impuso el P. Fray Alonso, rle ha_cer una cruz cou la lengua en el sue– lo, cuando no me vieran, si llegaba á blasfemar, me veo libre, gracias á Dios, de tan pernicioso vicio. Regocijose el siervo de Dios, alabando su misericor– dia, que por medios tau suaves,sabe des, terrar hábitos tan radicados y perjudi- . Misión de ciales. Gaucín. En todos los pueblos que predicaba nuestro P. José era indescriptible la con• moción de las gentes, pero en el de Es• tepona cooperaron tan fielmente los co. razones á las fatigas de su celoso espíri– tu; que en la mayor parte de los sermo– nes, era el llanto tan clamoroso y contí– mio, que después de haberse bajado del púlpito, volvía á snbir á él tres y cuatro veces para pedirles encatecidamente, que detuviesen la avenida de las lágri. mas, porque le parecía que desahogán- . d.ose la naturaleza de las aflicciones del · corazón por los ojos, era demasiado des· • ahogo un llanto tan excesivo, que más '·r· . 6 d /se acreditaba de alivio, que de dolor. " 181 n e A f ' · 1 f d d • Estepona. unque ue cop10so e · ruto e to 03 los sermones de esta misión, excedió

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