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- 287 - mismo no podía apremiarle á que toma- se á su cai:go esta Apostólica empresa; Envíalo el P. pero qqe, ne, obstante, se lo propo.ndría, Provincial. y si él aceptaba, se lo enviaría. Comunicó el Padre .ProvL:lcial con .nuestro venerable Ja pretensión del Se– ñor Obispo, á lo cual respondió, que, aunqué la falta de salud y fuerzas po-– dfon poner grillos á sus deseos, que siem– pre habían sido la conversión de las al– mas; esperaba en la divina piedad le res– tituiría en su antiguo vigor para emplear– se en el ministerio Apostólico 'de las mi-. siones, pues tenía algunas experiencias de que In pafornal Providencia d€'1 Altí– "imo le había favorecido en otras ocnsio– nes, en que se quiso valer de su inutili– dad, com0 de instrumento, para restaura– ción y reparo de muchas ruinas espiri– tuales: y sobre todo, que como buen súb· dito' estaba pronto ,á lo que 1e ordenase su Prelado. / Asignólo el Padre Pro_vincial a\ siervo · de Dios cuatro companeros aptos para que le ayudasen en el ejerci_cio de las Mi– siones, v entre ellos su hermano. el Pa– dre Aloi:iso de Carabantes, y lo en~ió con ellos á la ciudad de Málaga. Así que lle– gó el veneral)Je Padre, se fué á tomar la rendición del señor Obispo, que le re· cibió con extraordinario agasajo, y júbi– lo interior d0. su olrna; pues en él vene-– raba ocultos los tes.oros de la ciencia, y sabiduría de Dios para redención de mu- L . • \ o remben en chas almas, que gemían aherroJadas en palmas. las prisiones el.e la culpa. Ofreciós~ el
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