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- 280 - dre, lo expresó su devoción, alabando á vuelve á los nueRtro buen Dios, á su Santísima Ma– caribés. dre, y á su amantísimo Padre San Fran– cisco, por haberlos dejado en pacífica po– sesión de su ministerio apostólico, con– tra las astucias engañosas del abismo. Separáronse los dichosos misioneros, yendo cada uno al lugar de su cultivo; y el venerable Padre volvió otra vez á los Caribes no perdonando á trabajo ni ad– versidad, por atraerlos y reducirlos. Ve– nerábanle tanto, que si algunos indio¡i se ausentaban de las poblaciones para no . volver, al instante que el venerable P. les enviaba á decir que viniesen, lo eje• cutaban; porque le reconocían, y venera– ban como si fuese su rey, le querian y amaban como á su padre y así, cuando les propuso que diesen la obediencia al Rey <le Espafia, no hubo indio que mos– trase repugnancia, que es bastante pon– deración, dada la natural. oposición; que · reinaba entre caribes y españoles. Para poner en práctica la propo.sición admitida por los indios, juntó los más principales y de 1nás suposición, y eon ellos se fué á la ciudad de Qumaná, á cuyo Gobernador dieron ellos por sí y por los de su na_ción la obediencia al _Ca– tólico Monarca con la siguiente ceremo– nia: Abrieron un hoyo profundo en la tierrn, y rompiendo un arco, io sepulta– ron con muchas flechas en el hoyo; y al L_os hace· súb- cubrirle y terraplenarle diJ' eron todos: d¡tos de Es- ' páña. Y a queda acabada la guerra entre los caribes y españofos. El Gobernador los
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