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' - 278 nio contra los copiosos frutos de la mi- . El Padre José sión. Embarcó,se, pues, para España en vuelve á Es- tiempo de inv.ierno, padeciendo deshe– paña. chas tempestades y tormentas delas que Torna i\liÚÓIL le libró la providencia. Desembarcó en Cádiz, y pasó sin detenerse á Madrid, exhibiendo ante el Sr. Nuncio despachos originales de la sagrada Congregación de propaganda Fide, con los del Señor Nuncio Rospillosi, su antecesor, y las pa– tentes y obediencias de sus prelados se– ráficos; y p:ua mayor y más abundante justificación, los despachos del Cor:sejo Real de Indias. Alegato tan convincente de la roa.licia de los acusadores y de la inocencia de los acusados fué este, que el señor Nuncio; conociendo ésta, quedó gustoso, y advirtiendo a<1ué1la, quedó es candalizado. Dió la bendición al P. José para sí, y los otros misioneros, prome• tiendo hacer justicia y defenderlos siem– pre, con lo cual el V. P. muy consola– do, se despidió de su Iltma. y tomó el camino para Cádiz, donde se embarcó en un patache de la armada real llama• do Margarita, algo maltratado y por esto -poco seguro, si la confianza que el ve– nerable Padre tenía en 'Dios, no le per– trechase contra los peligros. 1 A pocas le· guas de la bahía de Cádiz, acometió .de improviso á las naves un huracán tan furioso, que á breves lances encalló la que .llevaba al V. P. desde la proa has• ·í.-la ta el árbol mayor. Viéndose el capitán ' y los tripulantes en lo humano sin re– inedio, dijeron: P. Fr. José, pues todos

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