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277 formaba en el aire este ejército voraz, que ant6s de llegar á la población de los Prodigio del indíos, obscurecían el sol; Quiso la foi:'- P. Jose. tuna ó por mejor decir la providencia, que asentasen sus reales en unos montes dilatados y circunvecinos aquella noche, en la. que el V. P. consoló á los indios y los exhortó á que madrugasen todos para oir una misa de Ntra. Sra., á fin de 1 que por su intercesión los librase de aquella plaga, parecida á la de Egipto. 'Juntáronse en la Iglesia y acabado de ce- lebrar el.incruento sacrificio, salió él en procesión con todos ellos, cantando las letanías de N~ra. Sra; cuando, (ó caso prodigioso!) apenas las acabaron, levan- tó con estruendo horroroso el vuelo aquel ejército formidable, y dirigió su marcha á parajes bien distantes. Los indios, viendo tan evidente prodigio, se mostra• ron agradecidos á Dios, alabándole, glo- rificándole y reconociendo la eficaci,a del patrocinio de María Santísima. Cuando iban tan prósperos los sucesos de la misifm, age1:1tes del dragón infernal hicieron cargo en Madrid ante el tribu– nal del Sefior Nunció á los misioneros, acusándolos. de que eran apóstatas, y de , que como tales vivían fuera del gremio de la religión sin legítimos despachos. El Nuncio exigió que volvieran á España algunos á defender su causa; y convinie– ron todos los Padres de la misión en•ele· gir al venerable Padre Carabantes, para .• . ' 'd á E l . Son pcrseg,1.1- que sosegase con su vem a ' spafia, a dos los PP. tempestacl que había concitado el de1:uo-
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