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- 272 ,_ tigar con una peste, ya por dar cuanto Predice un antes á los convertidos f\l premio de su ca st igo. arrepentimieuto; ya porque los obstina– dos se ablandasen y se redujesen á peui– tencia. Díjolo sin duda con espíritu pro-' fético, porque al poco tiempo inficiono– se el aire, y empezó la peste á causar es– tragos; pero el cielo piadoso, compade- ' ciéndose, ya que no de los cuerpos, de las almas, dispuso que llegaran entonces á Caracas seis religiosos capuchinos de la Provincia de Andalucía, y ae halla– sen en proporción para asistir con el Ve– nerable Padre y sus dos compañeros á los apestados. Dedicáronse á este heróico ejercicio con la solicitud de Marta y el . espíritu de María, cuidando <le la sani- oari<la~ de los dad de los cuerpos y de la salvación de· ca-puchmos. . • las almas. Administraban los sacra– meutos, ayudaban en las últimas agonías y multiplicabalos la caridad, para que no hubiese afligido á quien faltase el ali– vio de su asistencia. Y t?iendo así, que los muertos del pestilente contagio; pa– saron de cinco mil, ninguno de. los reli– giosos padeció sus fatales impresiones, ni aún les dolió la cabeza; premio digno de su celo fervoroso y caritativo. Terminada la peste los religiosos se fueron á convertir indios infieles, que era el fin con que habían ido á laE> indias; y sabiendo nuestro venerable Padre que los Caribes eran los más feroces y crne• Predica el P. les de todos los indios y aun más indó- J osé á los ca- • fi '¡· 'ó l ribes. mitos· que las eras, e 1g1 . a parte que ellos habitaban. Apenas tocó con su
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