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- 266-,- su alma de cieLcias y de virtudes, las que i:-ube al sacer ie condujeron !>Or sus pasos contados al docrn. sacerdocio, Tampoco dice el autor de su vida cuándo recibió los Sagrados Orde– nes este siervo de Dios; y así solo sabe– mos de él que apenas subió al sacerdocio sintió que le devorab~ el celo por la glo– ria de Dios y la salvación de las almas. Ordenado de sacerdote,, los Prelados . pusieron los ojos en él, para el desem– peño de los más ár.:iuos y difíciles cargos de la orden; pero este humildísimo sier– vo de Dios los rechazó con tan eficaz re– solución, que nunca pudieron conseguir 'que los aceptaEe; pues tenía presente que estos cargos ·son una durísima carga, y recordaba la estrechísima cuenta. que por ellos tienen que dar al soberano Juez los superiores. ' Sentíase llamado interiormente nues. tro P. José al ejercicio de las misiones, y tenía ansias por convertir los infieles al cristianismo y los malos cristianos á mejor vida. Llamábale Dios á este santo rjercicio, y él en su profunda humildad creía no tener ciencia ni virtudes para tan alto ministerio; otras veces dudaba de si Dios le llamaba á convertir peca– dores en la cristiandad, ó á conquistar almas entre infieles; y dudoso de si eran verdaderas ó engañosas aquellas ansias que en su corazón sentía, cC>nsult6 á sus más aventajados condiscjpulos, y éstos Su voc.ación á le contestaren _que desechase dudas.' y "las misiones. formase resolución firme de emplearse en el alto y provechoso ejercicio de la mi-
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