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_c.. 255-,- r>(S~--.s;.:.s: :&.'5:-.:.S:--.S:.:.S:.:.S:.:.S: :.S::J mortales se recogieron cuidadosamente en una éaja de caoba. Del primero no he~os podido hallar rastro alguno; pero la segunda se conserva en nuestro con– vento de Antequera con los huesos del V. y un letrero que testifica su auten– ticidad. Las vicisitudes sufridas por las órdenes religiosas en el siglo XIX fue– ron causa de que se perdiera el proceso de beatificación y hasta la · memoria de este varon santo; hoy que pór dicha nuestra hemos h¡illado sus reliquias y estas noticias de. su vida, conviene que resucitemos. su memorin, por · si Dios quiere glorificarlo en la tierra, .como su– ponemos que lo habrá glorificado en el cielo. Hé aquí ahora su retrato. Slls restos mortales.

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