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- 252 - de Córdoba que lo acompañ.aba, y sacan– Curan á una do de la manga una reliquia del varón desahuciada. de Dios, y metiéndola en una poca de agua se la dió á la enferma para que la bebiera. Prodigio admirable! Pues sien– do así que se hallaba en estado tan de– plorable, que ni aun la sustancia podía tragar, luego que bebió el agua, recuperó las fuerzas, y sentándose en la cama pi– dió de comer; y á la mañ.ana siguiente amaneció libre de dolor y de la calentura. Luego que llegó el médico, y vió aquella novedad, dijo que era un evidente. mila– gro que Dios había obrado por los méri– tos de su sjervo el, P. F'r. Miguel; y en aquel mismo día se levantó la enferma buena y sana (Id, 222.) Entrando el P. Fr. Antonio de Córdo– ba en casa de un amigo suyo, lo halló á él. y á toda su familia sumamente con– tristados, porque un niñ.o de pecho, que era el único hijo que tenían, estaba pró– ximo á espirar, á causa de una recia ca– lentura que le molestaba, poniéndolo en el mayor peligro, de tal suerte, que desde el día antes no habían podido conseguir que tomase el pecho. Compadecido el P. Fr. Antonio de su buen amigo, con la 'lxperiencia, que tenía de los prodigios que Dios había obrado con la reliquia del P. Fr. Miguel, la aplicó inmediatamente al niño enfermo y al punto tomó éste el pecho y quedó del todo sano, cuando Ot . 1 sóló esperaban que muriese; conociendo ·ro nn agro , . , todos que era un nnlagro el que hab1.a Dios obrado por los méritos de su siervo.
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