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- 222.,..;;;.. ~._s..--s.,~.:..:,,._s.,--s.,~--s.,.:s:--s.-'--9 rable con su compañero en casa de esta Conoce á una mujer á recojer la limosna; y luego que ilnsa. la vió y oyó sus palabras, sintió en su corazón cierta contradicción y repugnan- cia á creer fuese cierto lo que de ella se decía; y como en esto peligraba la honra y gloria de Dios, se creyó obligado á exa– minar la realidad del caso. Volvió di– versas veces, y en cada una se· aumenta– ban más sus sospeéhas; lo que habiendo comunicado en confianza á su compañe– ro, éste como escandslizado le dijo que callase, pues era temeridad oponerse al dictamen de tods. una ciudad, que la aclamaba santa. Conturbósenuestro Fray Manuel; pero resuelto á examinar el caso entró á visitarla un día llevando triste el semblante. Extrañólo la beata, y le pre– guntó el mótivo; á lo que respondió él que había tenido una carta en que le de– cían, quedaba su madre sin esperanza de vida, por lo que pedía la encomiende á Dios. Esto fué verdad, porque había muchos años que tuvo esta carta á que se siguió otra comunicándole la muerte de su madre, y él ocultó el tiempo para descubrir la verdad de aquel espíritu. Ella respondió ambigüamente, como siempre hacía, y se despidió. Dentro de algunos días volvió nuestro venerable, afectando el miEmo sentimiento, y ella así que lo vió, le µregunt6 con arte, por qué estaba melancólico; á lo que respon– dió, que había muerto su madre. Ella La pone á , pr1-1;eba entonces le diJO: ya lo supe yo, porque el Sefior, cunndo hice oración por ella,

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