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- 219 _· do limosnero en dicho convento (ejercicio en que estuvo muchos afíos), por cuya su rncogi– razón le era preciso estar todo lo más miento .. del día en Ja calle, D:º por eso omitía su meditación, ni apartaba de su vista in- . terior aquel objeto soberano que le había embriagado s.entidos y potencias. Aten– día con escrúpulo, primero á ,.todo lo que fuese relativo á dar perfücta expe– dición á sn empleo de limosnero, y para todo lo demás se hallaba tan ab'3traído', en medio de los bullicios <Je la .. ciudad, como si estuviera, . ei:i el más retirado yermo. Lo que más le movía .á esto era la dul.zura que en su alma sentía, máxi· me cuando meditaba en la pasión y muerte de nuestro soberano Maestro, porque ál copsiderar aquel exceso de amor con que se entregó á padecer y morir para darnos vida,' se derretía su compasivo cora~ón en fervorosas lágri– mas, y jamás se di6 por satisre.cbo ni se halló fatigado enocupacióµ t.an útil. Para saciar sus ansias, luego que Stl restituía al convento, acabada su .limos– na, se retiraba á la Iglesia, practicando los ejercicios del Vía.Crucis, según el método de la V. Madre Sor María de la · Antigua, que introdujo y promovió en– tre nosotros; pues, solicitó con eficac.ia aficionar á algunos religiosos á ellos, y consiguió que le acompafíaran fervoro– sos; y como experimentl;lban los muchos frutos espirituales que conse!núan .en <.J Su oraeión. ellos, no sólo no rehusaban hacerlos, sino que de tal modo se aumentó el nú-
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