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211l - lecciones, suplicaba á algún religioso. que se las leyese. Es confirmación de lo .Su atención dicho,lo que sucedió la tarde misma del en el rezo. día en que murió, pues, auuqmil: se ha- llaba, ya tan sin fuerzas; como que esta- ba próximo á morir, le pareció que, por saberlas de memoria, faltaría á su obli- gación, si rio rezaba las completae; y así gastó múcho tiempo en rezadas; porque hallándose muchas veces en el segundo salmo, volvía á empezarlas de nuevo, sospechando si hab.ría estado' hasta alfí con menos ' atención de. la ·que debía, por causa de su enfermedad .. ;No puso menos cuidado en la celebra; ción del Santo Sacrificio de la Misa: ·para llegar al altar no sólo purifipaba su conciencia con el 61acramento de la pe– nitencia, para lo que procedía un rigo– roso examen; sino que, entregado á la oración ·pedía al Seiior en ella con fer– vorosa.s ansias le diese aquella devoción y puréza que es necesaria para tan alto empleo. En los últ~mos años de su vida le ofreció el Sefí.or un ejercicio penosísi- .mo. en que tuvo mucho qul? padecer, y fue que, cuando llegaba á decir laforma para consagrar el cáliz, no podía pro– nunciar la primera p1:Jlaqra: querfa eje– cutarlo, pero no lo conseguía, costándole en lo interior de su alma inexplicables fatigas, las que se percibían en el con- tinuo extremecimiento de su cuerpo, en su dovoc,611 los sudores que vertía su rostro y en las en,lá mi~a. lágrimas que sus ojos derramaban. En- ' ternedanse, compasivos, los religiosos,
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