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Su abstinen cia. Su ol'ación - 212 - la naturaleza está debilitada v sin fuer• zas, por lo que necesita de más frecuen tes refecciones, sólo admitió tomar do$ ó tres bellotas, que majaba entre dos piedras, y por las mañanas las traía en la boca un poco de tiempo; y este fué el úuico desayuno que admitió. Fué muy dado á la oración mental, y ejereitándose frecuentemente en ella, recibió del Sefíor favores celestiales, con que vivificado aún en su más anciana edad, hacía cosas que necesitaban mu– cha fuerza y .robustez. Fné puntualísimo en las asistencias á todo acto de comuni– dad, con especialidad en el coro, así de día como de noche, por el sumo gozo que recibía .su espíritu cantando las di– vinas alabanzas. Para no admitir la más leve distracción, µiientras las cantaba en el coro, tenía siempre .cruzados los de· dos pólices sobre los índices, y si le aco– metía algún pensamiento que pudiese ·distraerlo, de tal suerte los apretaba, que llegaron á formársel_e en ellos unos surcqs que bastantemente evidenciaban .el cuidado que ponía en tener todas las potencias de su alma y sentidoR de su cuerpo empleados con suma atención y devoción en cumplir con aquel angeli– cal ministerio. No omitió día alguno el oficio divino, ni aún cuando estaba en– fermo, porque entonces rezaba de me– moria; pues, como siempre puso tanta atención á lo que hacía; cuando rezaba sabía de memoria casi todo el breviario; y cuando por sf solo no podía leer las

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