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- 210 - ro con gran disimulo continuaban su ta- su resolución rea; hasta que por fin, no pudiendo ya el :fatigado espíritu del santo varón con– tenerse, se levantó y pidiendo licencia para salir de allí, se ifetiró á:la antesala para no oir murmurar á los ·que él no podía reprender. Quedaron los dos pre,, lados edificados y ciertós de la mucha. caridad del P. Orisóstomo, y dándole á Dios muchas gracias, por las que había conferido á aquel su siervo. De quien tanto celab~ la honra de los hombres, puede discurrirse cuanto sen- - tiria ver el honor de Dios ultrajado.Cuan– do oía blasfemar, era tanto lo que se enar– decía, que nose contentabacon reprender al blasfemo su temerario arrojo, conmi• nándolo con la divina justicia, con lo que logró coger muchos frutos en la en· mienda de algunos; sino que hubo oca• sión en que embriagado con el celo de· la honra rlivina. no pudo impedir poner las manos en los que blasfemaban. En una ocasión, pasando por el puente de Córdoba, vió eu él á un hombre que fal– to de paciencia y de temor de Dios, pro· feria execrables blasfemias. Fué tan pronto el ímpetu de espíritu que. sobre– vino á nuestro P. Cl'isóstomo, que sin saber lo que ejecutaba se llegó á aquel por las espaldas, lo cogió por los hom· bros, y como el varón de Dios era de elevada estatura, membrudo y de gmn · . des fuerzas, arrojó al suelo con mucha .Reprende á • l . 1 Id" . t a· . d 1 . un blasferno. VIO encia a ma ICien e, lCien O a mIS · mo tiempo l!,res oristiano? Eres tú, orís·
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