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-·209 el R. P. Fr. ,José Francisco de Vélez, siendo guardián de aquel convento. Te- Un caso ad– nían uno y otro formado del V. P. Fray mir.abte. Crisóstomo. el juicio que merecían sus virtudes; y sabiendo lo mucho· que sen- tfa oir, se munnurai:a de. cualquiera, aunque .fuese en cosas muy léves; busca- ban ocasión para tentarlo. Sucedió, pues, qúe una tarde salió. dicho. P. Guardián con el P. Fr. Crisóstomo, y fué al palá- .cip del Sr. Obispo; .recibiólos su Ilustrí- sima y vierido que el R. P. Guardián llevf;lba por compañero al siervo de Dios, quiso lograr la oca~ión, y 'haciéndo.le se- ña al P. Guardián,, empezó á murmurar de un sujeto, aunque en c·osa muy leve, y no con otro ánimo que el de ver lo que· el P. Fr. Crisóstomo ejecutaba. Este, luego que· oyó las palabras del Si-. Obis- · po, empezó coh el color purpúreo de que~ se tiñeron. prontamente sus mejilJás, á manifüstar la gran inquietud y fatiga in - terior•que padecía, al ver que, oyendo murmurar de su prójimo, no po.día re-; prender con santo celo á los que fo eje- cutaban, por ser ambos .sus prelados. A medida que continuaba la murmura. ción fingida, se.iba en la realidad aumen- . tando en el varón de 'Dios la inquietud, que ~l manifestaba intériotmente con él continuo movimiento. que hacía, como si estuviera sentado sobre espinas. Viendo que esto no bastaba, no pu'diéndose ya contener SU caritativo cefo, prorrumpió Como se por– en estas voces: Sea nuestro Señor álabado! tó en n . A todo esta'.ban los prelados atentos, p'e, H

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