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- 208 - no sabía el avemaría, y véalo V. C. que su candor y ya la sabe; de lo que el limosneroquedó paciencia. sumamente E,dificado y confundid, vien- do la serenidad con que sufrió las áspe– ras palabraH que le había dicho. No fué esta sola vez en la que el va– rón de Dios nanifestó su paciencia y to– leranci0. Sucenió en otra ocasión que un religioso poseido ciegamente de pasión, (tal vez movido del enemigo común pa– ra vengarse éle la guerra que le hacfa el Varón Santo,) lo ultrajó en presencia de otros religiosos, imputándole equivocada– mente una falta que muestro P. Crisósto– mo no había cometido. No desplegó este sus lábios para dar respuesta alguna; so– lo sí con voz humilde y baja le dijo: 'Per– dóneme V. C. por amor de Dios, que• dando admirados los religiosos, cuando supieron la inocencia del P. Crisóstomo, de la suma paz, conque este llevó aquel sufrimiento. Al ¡~aso que sufría constante sus inju– rias y las perdonaba pronto, cuando por desgracia oía algunas palabras injuriosas contra sus hermanos, lus reprendía con mucha severidad; por eso en pre~encia suya, ninguno se atrevía á decir palabra de murmuración contrá otro, porque al instante salía él á la defensa: y si los que así hablaban eran sujetos á quienes él no podía reprender, lo ejecutaba mudamen– te con ausentarse. Testigos de mayor excepción de esta verdad fueron el Ilus- Odia la mur· , • F d A muración, tns1mo y Rmo. Sr. D. ernan Q de n- drade y Castro, siendo obispo de Jaén, y

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