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- 200 - tante, mortificando aquel deseo natural, Enferma y por no. parecerle decente salir de aquel mu.ere. tan serio congreso. Costóle muy cara di– cha mortificación, porque cuando, disuel– ta !ajunta, quiso aliviar sn necesiaad, no pudo hacerlo. Diose muy luego noticia del suceso á !os médicos de Cámara; pero, aunque practicaroú cuantos remedios previene para semejantes accidentes el arte y fa– cultad m"édica, como se hallaba ya nues– tro Rmo. en edad avanzada, no tuvo su naturaleza (ya descaecida), resistencia para tanto mal; por lo que á su violencia rindió el vital aliento en nuestro conven– to de Madrid, el mismo año de 1684, á los 71 de su edad y 61 de religión. Mucho sintió nuestro católico monar - ca tan funesto :fracaso; no fué menos do• lor el que recibió la grandeza toda eu aquella corte; y mucho más la santa provincia capuchina de Castilla;' pero junto todo aquel quebranto no fué ni sombra del común sentimiento, .que lle– nó los corazones de los capuchinos an– daluces; porque, si el Rey perdió un sabio, prudente y virtuoso consejero; si la grandeza de España y la_ corte toda perdió un oráculo que le daba alivio en las aflicciones, en las perplejidades acier– to, á los ignorantes doctrina, y á los sa– bios delicias; nuestra provincia perdió un hijo esclarecido que la ilustró y un , . . padre amantísimo que l.a ennobleció, y ,c,en.t1m10nto d . . , l ,, , l ' r¡us CRusó ,,, con. ecir que fue o uno y fue o otro, :muerte. nos excusamos decir cuánto seria el señ-

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