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_;_ 192 - ~.:S-.:S--S-S.~S.S.S.S.S.S..:&.'--' auténticos instrumentos lo falso de la cuan limpia calumnia, mandó la misma Congrega– fué esta. ción sagrada que se imprimiese ·y auto– rizase en manera pública, para que hj: ciese fe; lo que también se ejecutó. (Idem, núm. 17). Aunque pudó reparar esta tan opor– tuna diligencia el deshonor de nuestro J Rmo. y de su familia, no pudo impedir que consiguiese sus intentos depravados la malicia y no fuera general, cosa que hirió los corazones de los que se hallaban empefiados en colocar á N. Rmo. en _el puesto á que sus prendas relevantes lo · hacían acreedor. Era uno de éstos el Excm,o. Sr. Embajador de ·España; y sabiendo que los autores del libelo eran ele los que por más inmediatos á su Mo- 1,arra debían ser los que más se empe· fiasen en conseguir cuanto podía rflsul– tar en honor de su nación, juzgó que eran dignos de un castigo muy severo; por cuya razón expidió un decreto man– dando arrestar á los. dos principales au– tores (cuyos nombres sigilamos) para remitirlos á su Soberano presos, y que su castigd sirviese de contener audacias rnmejantes. No pudo conseguirlo por– que, acusados de su conciencia propia, se pusieron en fuga disfrazados, hasta que obtuvieron generoso perdón dl31 ofendido y del Embajador de España en Roma.» (Id. 18). . · L 1 a·f . · Aun.que 'el P. Córdoba, como él dice, ai:~s 1 ama. calla aquí el nombre de estos libelistas, en otro lugar dice él y, otros crbnistás,

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