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- 189 '-- ' Cuanta estimación se granjyase en ella, no•sólo dentro del cuerpo de la -re- su rama ex.· ligión, sino _mucho más con los patricios !:t;t~~!~ia de Roma, los Sres.. Cardenales y Sagra- das Corporaciones, no es fácH expresar - lo; porque sus relevantes prendas le ha- bíau conciliado tan universales aplausos- que, habiendo en aquella Ciudad Santa los sujetos más distinguklos en virtudes, en letras, en nobl8za y dignidades, por s8r ca_beza del Orbe católico, entre todos sobresaHa la fama de N. R. P. Fr. Fran- cisco de Jerez, pu·es en todas las ·expre- sadas clases era el imán de las univer- sales atenéiones. Con especialidad lo estimaban el E romo. Rr. Cardenal pro- tector y el Excmo. Sr. Embajador _de España, quien con todo el numeroso concurso de espafiolos qt¡e en aquella Santa Corte se hallaban_, vivían dE:Jsvane- cidos de que un capuchino 'esptlfiol fue- tle con tan justos títulos el objeto de las comunes estimacibnes. · Para.que se comprenda mejor la.e:x– traordínaria fama de santo y sabio que tenía en Roma nues.tro P. Francisco de Jerez, consignaremos aquí que,, hallán– dose él en aquella sarita ciudad,· o_currió la muerte del Papa .Clemente X en, Julio de 1676; y reunido el Cónclave en Sep– tiembre del mismo afio para elegir .su cesor, en la primera votación tuvo nues– tro Venerable Pa,dre cinco votos p~ra . Papa sin ser conclavista ni tener más Le d,mvotos ' _ . · para Papa. dignidad que la de presbítero, cosa ver- daderamente im~sitada y extraordinaria; ' \ ,;

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