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- 177 - Corno aun todavía no era día claro, luego que dicho Fr. Diego llegó al si- Como [l,OOnte tio de la fuente, empezó á buscar á tien- ci<>. tas entre la$ matas su cartera..A esta sa- zón venia,n por el camino dos pasajeros ·armados, y recelosoa\de los peligros del sitio, al ver andar el)tre las matas aquel bulto, temiendo si serían moros, empe– zaron á dar voces. Oyólo Fr. Diego, y recordando la especie que había oido en el cortijo la noche antes, temió también si ~erían moros,aquellos que le hi\blaban: · y sit, saber qué hacer, procuró ocultar– se entre las matas, Los. caminant.ei; cre– yéndose que allí había moros ó ladrones, se echaron las escopetas á la cara, y apuntando al sitfo donde vieron el bulto á un mismo tiempo dispararon co'u des– gracia tanta; que atravesándole á.dieho H.° Fr. Diego .dos balas los riñones, só– lo le dieron tiempo para p~onunciar es– tas;enternecidas voces: ¡Jesüs, que me han matado/,y entregó su espíritu en manos de su criador. Oyó los tiros el P. Fr. Juan, y itl ver lo mucho que. su compañero tardaba, se volvió al cortijo;· y acompañado de ·al– gunos de los que en él había, fueron ha– cia donde Fr. Diego estaba; y llegando cerca de la fuente, lo hallaron difunto bañado en su propia sangre. Quedó el P. Fr. Juan casi :fuera de ¡;¡í á vista de tan lastimoso suceso, y pidiéndoles á . aquellos mozos le ayudasen para llevar- 111::i1erte de Fr. lo á Gibraltar á darle sepultura, se o:fre. Diego. cieron caritativos á ello, como lo ejecu- 12

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