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_. 269 -- edad y treinta y tres de religióu, habien- do quedado indeleble la fama de su san- Muere tidad, pues á los mé1 itos de este varón santamente insigne se atribuyó haber conseguido AntequEra verse libre de la peste; por- que, estando la Ciudad el día antes de morir él, tan oprimida del contagio que no había quien no temiese ser víctima de él, al día siguiente cesaron lai,: invasio- nes y empezaron á mejorar los enfermos; gloríficaudo todos á Dios, dándole mu - chas gracias por las mercedes que les ha- cia, y publicando que los méritos de 1Juestros religiosos, y con especialidad los del Padre Fr. Ambrosio, habían conse- guido que se diese por satisfecha ya la la justicia divina. (Id 189.) CAPITULO XXXVII 1o:s cstrngos c¡ue nizo la pes1·e l)UIJónica en los demás con.venws de nuestra Provincia ·· los siete mártires de la caridad fa– llecidos en Autequera, sirviendo á los apestados, hay que añadir una_ lista muy larga de los religiosos que murieron en otros conventos en el mismo empleo. En el de Motril falleció víctima de su celo el P. Fr. Bernardiiio de Cuenc::i; en el de Jaén _el P. Bem,al'do ?e Moclinej?; otros U1no1· <:11 el Castillo el p. huardián, Fr. Lms tos ilttsfl•e·:. de Vélez; en Al'dales el P. Martin de

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