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- 267 - Empezó nuestro F'ray Ambrosio su noviciado, y aunque lo cumplió al afio, sus vM 11clu. y profesó, podemos decir que le curó to- da su vida, porque en toda ella proce • dió tan atento al cumplimiento fo sus obligaciones, como lo puede estar el más fervoroso novido. Pusiéronle al estudio,· y saltó predicador tan famoso, quE:, si nó fué de los más aventajados en la delica- deza de los discursos. rué de los más fervorosos y de los 1rnis soc'.)rridos para un lnnce npretado, si bien 011. todas des- empeñó su obligae::ióo con crédito ti-31 há- bito y utili<l:1él d,:, los oycntE·s. l 1 ué en todas h1s virtudes de los más perfeetos religiosos, eon singularidad en la afabili- dn<1 y mansedumbre; y así era el objeto eftirnaciones comunes, tanto ::len– tro como fueríl ne la Ordeu, lo mis!l:O de súbdito que do prelado. Esto último so vió mejor en Oádiz dondo fué el prelado primero de aquél cou vento, y allJ, c-Jmo en todas partes doude vivió 1 _,fuó venerado no sólo por prudente, político y atento, sino también por santo. Estaba de familia en el convento de Antequera, cuando empezo á seniirse en esta Ciudad el riguroso azote de la pes· te, y entonces procnró con mucho cili– gencia emplearse en administrar los Sa– cramentos y asistir á los enfermos dé la Ciudad, he;·idos del contagio. Oonsigúió– lo con gran complacencia suya, y ol:;to- nida la licencia de su Prelado se apl:có 8 d a· , . ._ e e roa a fervoroso i.ll servicio de los coléncos, en los enfermos, cuyo ejercicio trabajó sin sosegar de c.ia ,3,3
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