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- 253 -- la voluntad de Dios. Dice mi mujer, que desde aquel 1rnnto la · tuvo tan s , ana tt, una vehemeute, que aunque antes sentía moribunda. morirse, deseaba ya lo contrario, sí fue- se 'a diviua voluntad, quedando tan dispuesta y comolad~, que le pareció haber entrado un ángel con la visita del religioso, el cual brevemente bajó donde yo ostaba y me dijo: Esta señora queda en buen estado, y lo que es más, confor- me con. la voluntad de Dios: no tenga Vd. cuidado! y con esto s& despidió. Y dentro de un breve espacio con un grnn sudor que tuvo gfi lo quitó á la t'nforrna la calentura, y se. puso buena; ln cual ei Padre Fray Miguel de , que Dios tiene en su gloria, en la opinióu de toda esta casa fué y es Santo, (1ue ruegue por mí á 1 Amén. Dice más la enferma, que le quedó aquel consuelo por muchos días desde aquella visita. (Id. 181.) Al ,siguiente día bien de madrugada, se dispuso el P. Fray Miguel para par– tirse rJ Hospital. Oonfesose con abnn– dantes lágrimas; después dijo Misa con mucha devoción y ternura, y acabada la acción de gracias fué á la celda del Pre• lado haciendo en sus manos despropna de l;s pocas y pobres cosillas que tenía á su uso: le pidió la bendición y clespués pidió perdón á todos los religiosos de los malos ejemplos que l~s había_ dado ~on .. la tibie;r,a de su obrar.· Admirnhau 10s ~ft~t~ al bos· religio~m, la suma alegria que ei: su 1 sernblantt1 manifestaba, cuaudo 8e iba a
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