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- 251 - pero apeuas los concluyó, cuando infla- mado su corazón en llamas de perfecta sn caridad caridad, pidió á nuestro muy reverendo Padre Provincial que l_o asignase, para la asistencia de los coléricos en alguno de los Hospitales; éste condescendió con su petición y le envi(; obediencia, para que acornpafiaclo de otros religiosos pa- sase al convento de l\lfolaga á poner 6n ejecución sus eficaces deseos. Llegaron á Málaga estos religiosos á tiempo qne aminorado el contagio, sr. determinó por la Ciudad extinguir el Hospital de San Il'élix, qnG Ol'l'l el que eotuba á nuestro cuidado, y que los {JOCOs en- fermos que lwbfa se llcm1se11 al 1-Iospi- tal del Molino de la Pólvora, como so ejeeutó; con lo cllal quedó nuestro Fray Miguel privado de poner en ejecución sus fervorosos deseos. No quiso Dios privar á su siervo Fr. Miguel del consuelo que podía su alma recibir en sacrificm· su vida, sir– viendo á los apestado::;; y así extendido el contagio en Antequera dispuso el prelado qml volviese á esta Ciudad para emplearse en la asistencia de los enfer– mos. Llegó esta noticia á nuestro Fraf Miguel, y con velocidad srnna se resti; tuyó t:í este convento; luego que llegó a él se ocupó en acompafíar al P. Fray Ambrosio de Antequera y otros Padres ;¡ne salían frecuentemente de dia y 110- d1e ú administrar lú:, Santos Sacrarnen- Asisto r, tos l 1 n,J>c,,tado,; tos á los enfermos; y ontre os mnc 10s uasos prodigiosos que sucedieron 0ou el,

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