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- 244 - aquella afligida criatura, que para haber saca del fo. perdido muchas vidas bastaba el susto so á una per· de hallarse entre t,mtos muertos: la sa- sona v1 va. , . . co, y la volvió á su cama, siendo lo más prodigioso que al segundo dfa estaba ya perfectamente sana. Vivió después mu– chos afios, con las señales que le hizo la cal en los brazos; y publicamente afir– maba que, si vivía, no sólo era por el va– lor natural, que en el Padre Fray Fran– cisco pudo hHber para librarla de los pe– ligros de la muerte en que se había ha– llado, tan sin esperanzas de remedio, sino por su virtud y merecimientos que tenía con Dios, pues á su contacto la dejó libre la enfermedad por ,lo que creía que el Padre Fray Francisco era santo, que había ejecutado con ella aquel milagro; y no fué ella sola la que lo decía, sino todos cuantos lo trataron en el hospital. (Id. 173.) Desde aquel mi~mo día se agravó el Padre Fr. Francisco, padeciendo inten– sísimos dolores, los que sufrió con resíg- 11ación tanta, que causaba singular con– suelo ver la paciencia con que toleraba aquellas mortales fatigas, dicirndo que eran delicias en comparación de los tor– mentos que sus graves culpas merecían; cou lo que edificados todos no acertaban á apartarse de su vista, admirando en él la eficacia de la divina gracia. Acercá– base á la última hora, para la que se ar- E f , ·i mó con los Santos Sacramentos que re– rle~~\ué\~rn e cibió con tanta abundancia de lágrim::is y fervor tanto, que no hubo quien no

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