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- 243 ~ todos, que todos hallaban en su asisten- cia un singular consuelo. Así se conser- Sus trabajos vó pó·:· espacio de tres semanas, sano y en ° 1 hospital robusto; pero al fin se contagió. No sin- tió este accidente el siervo de Dios, y así se CO:)servó en pié, administrando los Sacramentos á los enfermos, porque las calenturas que le entraban no eran muy récias; y entonces sucedió un c,1so bas– tantemente apretado que no queremos omitir, pues, aunque dejaremos 011 silen- cio las muchas conversiones de pecado· res obtinados que hizo en el Hospital, no debe 1uedar en el olvido una cosa tan digna de notarse. Juzgando los asistentes del Hospital que una de las enformas, á quien había dado t:n parasismo había ya expirado, la echaron con los demás difuntos en el carro y la llevaron á enterrar. Arrojáron– la con los demás al hoyo y echáronle por encima cal viva, que f•s lo que con to– dos ~e ejecutaba. Volvieron después los mozos á llevar· otro carro de difuntos, y advirtieron que aquella mujer se me· neaba, y qué estaba viva; pero ninguno de ello,, se atrevió á bajar al foso para sacarla. Vinieron al Hospital, y r8firien– do en él lo que habían visto llegó el Padre Fray Francisco á saberlo; y po– seído su corazón del ardiente celo de la caridad, no obstante q·.1e él se hallaba herido ya del mortal contagio, no pudo contenerse, antes sí, saliendo con mucha 8 .d d . l 1H . 1 f: ' 1 f n car1 a aceleración< e . osp1ta se :ue a . oso, .Y he1·óica. lia~ando ú él, se echó sobre sus hombros

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