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- 242 - hábito y cuerda más viejos que halló en Pide perdón todo el convento, y junta la Comunidad á todos. hizo el despropio eu manos del Prela· do; después postrado eu tierra pidió á todos perdón del mal ejemplo que había dado con su escandalosa vida; y esto lo decía con tan expresivas voces, y con tantas lágrimas, que igualmente con él todos lloraban. Notóse por todos los re– ligiosos que se hallaron presente<, que de su rostro y sus ojos procedían cier– tos reflejos de singular agrado, y que su vista recreaba á cuantos le miraban, co– sa que antes ninguno habia advertido en él. Con esto ya los religiosos seutían que se ausentase; pero como era pre– cisa su marcha, y hacía falta en el H os– pi tal, salieronlo acompañando hasta la puerta; allí se dieron los últimos abrazos, no sin abundantes lágrimas, y él se fué al Hospital donde su felicidad lo espe– raba. Luego que se halló en la palestra, em– pezó como valeroso soldado á meterse sin recelo en el peligro y en los mayores riesgos. No súlo atendía á adrniuistrar los Sacramento á 600 Nifermos que lle– gó á haber eu el Hospital, sino que tam– bién los curaba, les hacía las c:mrns, litn– piaba lo~ vasos inmundos, y en una pa– labra, no babia cosa por dificil que fue– ra á que no echara mano su espiritu fer– voroso. Como á esto se juntaba la dul– zura de sus palabras, lo alegre y afable Se va con d l . l , los apestades e SU rostro, y O CarlfiOSO Ce SU traEO, de tal suerte robaba las ate.1ciones de
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