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- 236 - ~@.@.@.@.~S:-@.@.@.@.~~~:........'ll con su buena crianza y lo gallardo i;le su vida en su cuerpo, se dió á estimar mucho, no el mu nd0 - sólo de los soldados, sino mucho más de los oficiales. Y como al mismo tiem– po se manifestó brioso y esforzado, le fiaron algunas expediciones, en las que se halló repetidas veces en evidentes peligros de muerte, librándolo Dios de algunos casi milagrosamente_ Eran es– tos, eficaces avisos que le daba el Pa– dre de las Misericordias, para que vol– viese sebre sí y lo buscase; pero de ninguno de ellos hacía caso. (Id. 166.) No por tan torpe ingratitud dejó Dios de llamarlo, pues, sucedió que saliendo á corso las Galeras en el golfo de Lyón, les sobrevino repentinamente tan gran tormenta, que sin poder supe· rar la furia de los vientos ni lo encre!:'– pado de lns olas, tres galeras padecieron lastimoso naufragio, sin haberse salva– do ninguno de los que en ellas iban; sólo en la que se hallaba Fr. Francisco, aunque estuvo en igual peligro, no ex– perimentó el fracaso. Miró ya Fr. Fran– cisco este suceso con mejores luces que los que había pasado, y arguyéndole con viveza mucha su conciencia con el mal estado en que se hallaba, y con la eterna condenación de que se había librado por haberle conservado Dios la vida, lleno de confusión y lágrimas pi• dió al Sefíor misericordia, y prometió que luego que se hallase en tierra se S,, presenta á d , ' . R , ::-;. P. General pon na en camrno para orna a pre- sental'se á su Prelado. Así lo ejecutó;
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