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Se declara la peste CAPÍTULO XXXII Declárase lo f)CSl"E3 bubónico en Antec1uern v se consagrcm nue.stros relioiosos al servicio ele, los apeStCldOS. a epidemia que et año de 1648 em– pezó á tomm vuelo, batió sus negras alas sobre los pueblos andaluces el si– guiente de 1648, produciendo horribles estragos. Padecían muchas Ciudades el azote formidable de un:1 crm,l peste, de lu que informados nuestros religiosos de Antequera. oueriemlo sacrificar sus vidas en las a~a; de la caridad fraterna, solícitaban se les diese licencia para ir á Máiaga, Sevilla, ó á otros pueblos do1t'1e teníamos Convento, para asistir á los apestados. Alguno:,; fueron á Mála– ga; pero habiendo Dios visitado también á In Ciudad de Antequera para conse· guir de sus vecinos y naturales, que se aplicmseu á buscar la salud eterna de sus almas, ya no tuvieron los nuestros que solicitar el td.nsito á otros Conven– tos, pues tenfa P! fuego activo de su amor pábulo en que cebarse. Luego que los Médicos declararon ser accidente contagioso el que en la Ciudad se pade– cía, el Caballero Corregidor y demás Capitulares juutos en las casas de su

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