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- 209 - laudarrms, pasarán por encima de mi se– pulturn. Salió Fr. Pedro á la puerta y aunque en el eco de la voz y en el con– teste, de las palabras conoció que era nuestro P. Provincial, · ti nadie vió, quedando anegado en un mar de confu– siones. A la misma hora y en el mismo con– vento se le apareció también al P. Fray Buenaventura de Irlanda ó de Quirque– nia (de quien ya hemos lwbtado). al cmal dij0 !::is miRmas razones. No sabía el uno lo que había acaecido al otro, por lo que habiendo tocado á Maitines, .cada uno de por sí fué á referir al Padre Presiden– te lo que había pasado; y oyendo de uno y otro las razones, llamó á los religiosos de la Comuuirlad, y refiriéndoles el caso, suspendieron sus juicios hasta ver si se verificaba la noticia; pero habiéndolo confirmado las cartas del siguiente co– rroo, y viendo que convenían en todas sus circunstancias lns uotieias de éstas con lDs de los aparecimientos, conocieron hab~1r sido realidail, y. por eonsiguiente se certificaron con tan grav0 fundamen– to de que 11uestro M. R. P. Fr. Fnlgencio gozaba yn el ser biem, '10nturado. La más célebre de cuantas opa1-iciones hizo nuestro venerable difunto, rué la que tuvo el hermano F'r. LuÍs de Lebrija, religioso lego. Habiéndose éste ofrecido en ara8 ele la caridad fraterna, entró con la bendición de su Prelado en el Hospital de los apestndoé, rn Snnlúcar; quemm<lo Dios premiarle su caritativo 27 Pal,t,bl'ail que le dijo Nuev,, aparición.
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